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sábado, 18 de septiembre de 2010

¿Qué hora es?, ¿qué hora es? La hora de los Ninis!


Tengo la fortuna de que uno de mis mejores amigos sea un Nini. Se llama Arnulfo*, tiene 28 años, es diseñador gráfico, y a pesar de que sus días de juventud ya han quedado bien atrás, hoy Arnulfo es un Nini. Ni estudia, Ni trabaja, y agregaría yo, empíricamente, Ni le interesa seguir estudiando Ni le interesa conseguir trabajo.

Me cae muy bien y jamás pienso reprocharle su status, primero, porque fue su decisión, y segundo porque me da un poquito de envidia el no tener la vida que él tiene. Arnulfo es la materialización de un problema social enorme que aqueja al mundo en nuestros días. El capitalismo, que por antonomasia no genera empleo, se ha encargado de engatusar a la gente con el ofrecimiento de servicios, entre ellos, la educación. Arnulfo –bueno, sus papás– le han pagado una carrera carísima, porque estudiar aquí en una universidad privada y de renombre es lo que se dice, caro: semestres de 12 o 13 millones (de pesos colombianos) y súmele a eso el material, los mejores softwares con sus respectivas licencias, el computador (que según él sólo puede ser MacBook Pro), y agréguele que Arnulfo es un muchacho que gusta de los conciertos más exquisitos en área preferencial, come en los lugares de moda, viste sólo ropa de buenas marcas y mantiene el tanque de su Peugeot llenito. Además es un tipo amplísimo, invita a todo el mundo y ni hablar de cuando de cachoniarle a una mujer se trata.

Su vida es completamente nocturna: los lunes no sale porque se queda jugando xbox, los martes va a jugar poker con un combo de Ninis como él, los miércoles va a las “tardeadas rock” en un bar medio famoso de por aquí, los jueves salé por la nochesita a “echarse unos drinks” los viernes es el primero que ya ha conseguido entradas para la mejor fiesta casera en el sur y ahí mismo consigue información sobre la fiesta del sábado en la noche, los domingos come en la calle y luego se parcha con otro combito que tiene. Yo no sé cómo Arnulfo no es alcohólico. Bebe como una draga, sorbe, ingiere y nunca, pero nunca uno lo oye quejarse de una gastritis o de que se siente muy mal por un guayabo. Un día yo lo vi: tenía la “temblorina” que es esa mezcla de guayabo, trasnocho y resfrío que da después de más de dos días bebiendo y lo hace a uno temblar. Pero no bebiendo normalmente: bogando tragos distintos en la misma noche. Lo he visto empezar con cerveza, pasar al tequila, de ahí al whisky (que es lo que primero se acaba), luego al ron, y rematar con vodka.

No hace nada, no le interesa hacer nada. Es un feliz mantenido por la bondad de sus papás. Eso sí, es muy buen hijo, quiere mucho a la mamá y se preocupa por ella. Tal vez por eso no le recriminan su situación. Lo que sus papás le dan es casi el equivalente a un sueldo de un profesional recién iniciado, pero con la ventaja de que no paga arriendo, ni comida. Sólo es para él, para su fiesta y para la gasolina del Peugeot.

Lo bueno de ser amigo de Arnulfo, es que él siempre está disponible. Esos días “intrasemanales” medio aciagos que uno dice: que chimbada, quiero salir a la calle a dispersarme un ratico, que día tan maluco el que tuve. Eso no es sino coger el celular, apretar una tecla y contesta del otro lado una voz parrandera: “Pues en este momento voy saliendo de mi casa, voy a ir a la fiesta que hicieron los de una película que acaban de rodar, ¿quieres que pase por ti?.” (léase que esto puede ocurrir un lunes o un martes a las 23:00). Sin embargo, Arnulfo no es bobo, y sabe del principio de reciprocidad. Yo sé que él me quiere y que le gusta salir conmigo, por eso me invita y lleva a todas partes, pero ay del día en que uno le diga que no. Que está enfermo, que tiene que madrugar o que simplemente no quiere salir. Me empieza a decir que porqué ya no salgo con él, que porqué me volví tan “aguado” (es decir, tan amargado), que tranquilo, que él me lleva y me trae. Que “ves cómo eres”, que “no mames, tienes toda la semana para descansar”.

Es que como hace mucho tiempo él salió de la universidad, ya no se acuerda que la gente se tiene que levantar temprano, que tiene que hacer el desayuno, que tiene que pelear como una hora para poderse concentrar de verdad. Y vaya dígale pues que porqué no lleva curriculums a los lugares donde necesiten diseñadores gráficos o cosas así. Que no, que allá pagan muy mal y que son “bien pinches explotadores”. Que mejor él va a esperar que su papá le prometió un plante para él montar su empresa de diseño web. ¡Si señor! Ya me imagino esa belleza de empresa, llegando a las 16:00 y saliendo a las 19:00, incumpliendo pedidos, adeudando alquileres. Si señor.

En fin, mi amigo es un Nini, que vive en una de las ciudades con mayor población de Ninis en el mundo. Yo le cuento que donde yo fuera un Nini mis papás ya me hubieran metido a un reformatorio o como mínimo me hubieran regalado al Batallón Bomboná pa’ recibir instrucciones en el curso de contraguerrilla. Pero claro, aquí lo que hay son Ninis mantenidos a lo bien, que no se pierden la movida de un catre, no como esos Ninis de mi unidad en Medellín que de Ninis pasaron a ser “Zánganos de Barrio”, y de los cuales hablaré en una próxima entrada.
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*Nombre cambiado para proteger la identidad del Nini en cuestión.