miércoles, 31 de marzo de 2010

Mi barrio


Reconozco que el azar me trajo aquí. Tenía planeado irme a compartir un apartamento con un amigo que se llama Paco y así fue.
Quedamos en eso, en conseguir un apartamento y compartirlo. Fijamos los límites geográficos y después las fechas del trasteo.
"Buscaremos en ese cuadrado que se forma al norte con la Avenida Insurgentes, al sur con la Avenida Cuauhtemoc, al oriente con la Avenida Obrero Mundial y al occidente con la calle Felix Cuevas". Eso me dijo mi amigo Paco, pero además sentenció: un amigo más se viene con nosotros.
Empezamos a buscar apartamento dentro de ése perímetro que engloba a varios barrios o colonias como aquí les dicen: Piedad Narvarte, Narvarte Poniente, Del Valle Poniente, Colonia Álamos. Vimos varios apartamentos y todos todos se salían del presupuesto que no podía sobrepasar los 600 dólares. Uno de los apartamentos que vimos, ubicado en la esquina que forma la calle Obrero Mundial y la calle Tanana nos interesó. Preguntamos, el precio muy bien, la ubicación excelente, cuarto piso, salida a la azotea, estacionamiento, pero los vecinos eran todos gente "ya mayorcita" y la dueña del apartamento que para nuestra desgracia vivía en el primer piso del edificio dijo: "aquí nada de fiestas, nada de mascotas, nada de ruido". Mejor dijimos que no, que pereza esos vecinos y seguimos buscando.
En la calle Diagonal San Antonio yo ví un edificio, de esos edificios como jodidos, de puerta metálica y negra, que parece la entrada a una de esas ciudades perdidas del centro, que tiene en el primer piso un local donde textualmente se venden "sweateres y abrigos de lana clásicos", que tienen maniquís con pelucas de copete. Ahí había un apartamento desocupado, justo en el cuarto piso. Llamamos, preguntamos, nos lo mostraron... Una cosa gigante de 134 metros cuadrados, con ventanas que se abren de par en par, con tres habitaciones, dos balcones, un baño amplísimo, una cocina equipada, piso de arabescos, y habitaciones con closet y piso de madera, no de esa duela laminada, no señor, de madera madera que cruje y chirrea cuando uno camina. El precio, módico, 550 dólares. Se ajustó al presupuesto y lo tomamos. Es un gran apartamento, un lugar delicioso y central. Ahora tiene de todo, televisor, dos sofás, comedor, matas, nevera, despensa, pero lo mejor es su vista.
Y es que la vista que tiene el apartamento es una elegancia porque está ubicado en la Colonia Narvarte Poniente, donde todavía el código postal comienza por cero, donde todavía huele a barrio, a cantina, y donde todavía fían en las tiendas. Ese es mi barrio y lo quiero mucho. Tiene un parque muy bonito bastante cerca, el parque Las Américas donde uno puede ir a trotar o a hacer barras o a comerse un sánduche o un heladito de grosella. Este barrio no es como los otros, y espero que no se vuelva como esas colonias vecinas, como la Roma o la Condesa, o la Doctores, que me da miedo. No, la Narvarte todavía es un barrio sano, y todavía viven familias, yo sé que por culpa de uno es que los barrios se van transformando y ya donde había una tienda ponen un Starbucks, y no es que a mi me guste el café, ni mucho menos el Starbucks, es que la especulación inmobiliaria hace que eso ocurra, que se llenen barrios de gente soltera, sin responsabilidades, que no cocina sino que "manda a pedir" la comida, que trasnocha y madruga y que hace fiestas así sea un martes por la noche. Ojalá eso no pase en la Narvarte, yo quiero seguir en el ambiente más barrial, más tranquilo, más profundo. No como por allá en esos otros barrios llenos de "Parrillas Argentinas", casas de Té, bares-conceptuales, lavanderías automáticas y tiendas de ropa cara-conceptual, no, a mi eso no me gusta, y toda la gente prefiere eso, ir a ver gente la moda paseando perros de 3.000 dólares y viviendo en un ambiente donde todo es caro. Vaya pues y métase al Pub ese irlandés a ver si no le toca lavar copas pa ajustar pa la cuenta. Vaya pues cómase alguna cosita en "La Ostra" pa que no pueda comer el resto del mes. No, en mi barrio eso no pasa. Los precios son módicos y hay varias cantinas donde yo voy con algún(a) acompañante a tomar cerveza de botella y a echarle monedas a la rockola, donde todavía a uno le dan caldo de camarón, o botanas de enchiladas. En mi barrio hay iglesia y la gente va a misa encachacada.
Hay un restaurante chino, están las super-tortas Etiopía, la taquería de Don Frank, la casa de chocolate (inspirada en la obra de S. Dalí). Venden películas piratas, está el café El Paparrín, el mercado de Anaxágoras, hay vecinas muy lindas -una que se llama Celeste que es muy simpática-, todo está cerca de aquí. Yo veo mi barrio y siempre me acuerdo del barrio de Boston, en Medellín. Es como Boston, pero multiplicado por cuatro, es grande.
Pero yo sé que esto va a cambiar dentro de poco tiempo. La Narvarte va a terminar en lo que hoy día están las otras colonias. Todo se va a poner caro, se van a empezar a ver perros de 3.000 dólares... Porque la gente no tiene para comprar una casa, ni un apartamento y aquí todavía uno puede decir que es barato y tiene el metro al lado, y no necesita un carro para poder llegar a cualquier lugar de la ciudad. Porque la gente es amable y nunca pasa nada. Dicen que roban pero yo no he visto nada, quién sabe. La colonia Narvarte es, para mí, la mejor colonia del Distrito Federal.

lunes, 1 de marzo de 2010

Izquierda--Derecha: ocurrente y divagante confusión


"La moderación, oh, gran
virtud de los sabios".

Voltaire [Cándido o el optimismo, 1759]



Estudio en una universidad pública; tal vez la universidad pública más grande de América Latina. Soy beneficiario de una beca que otorga el Estado a los estudiantes que cursan un posgrado y por eso tengo que cumplir con ciertos deberes y, uno de ellos, es dictar algunas clases (no muy seguido) como asistente del profesor.

Dicto una clase sobre Historia e Historiografía de Brasil y otra sobre Historia e Historiografía de Colombia y Panamá. Debo advertir siempre que no soy una persona muy versada en temas de política actual (local, internacional), ni que me interesa mucho estar al tanto de los que ocurre, a no ser de que sean cosas verdaderamente relevantes y no minucias como dice un tío mío.

Hoy di una de esas clases sobre Brasil a los estudiantes del segundo semestre de la licenciatura y por ello hablé un poco acerca de Canudos, aquella cruenta guerra ocurrida en el Sertão a finales del siglo XIX. Como recomendación le dije a los estudiantes que, podían ilustrarse aunque fuera ficcionalmente con La Guerra del fin del mundo, aquella novela de Marito Vargas Llosa publicada en 1981. Justo ahí comenzó el bombardeo:

Que si yo era de derecha, o si era de izquierda. Que cómo podía hablar bien de la Rebelión de Pernambuco, la Conjura de Bahía y sobre Zumbi dos Palmares y después recomendar la novela de Marito. Que si yo no me había enterado de que Vargas Llosa es un neoliberal "de mierda" y que desesperadamente busca la presidencia del Perú para terminar de joder al país y a los peruanos.

Yo no supe que responder. Mejor me quedé callado y le dije a la estudiante que un derecho fundamental de la universidad era la libertad de cátedra y que yo podía decir lo que quisiera. Además le recalqué que yo no juzgo a un escritor por sus convicciones políticas sino por la inteligencia de su obra y lo agradable que sea. Ella, indignada decía, que un deber del estudiantado-proletariado era acabar con esos mitos actuales que pretenden minar el avance de la Revolución en América Latina. Yo le respondí que si eso sucedía me moriría de la tristeza por no poder seguir leyendo a Marito Vargas Llosa, además de J.L. Borges quien simpatizaba con Pinochet. Mucho menos a mi bien estimado San Fernando Vallejo que quiere acabar la pobreza envenenando a todos los pobres dándoles mangos inyectados de cianuro.

A mi no me gusta juzgar esas posiciones "políticas" de la gente, y no menosprecio las opiniones de los estudiantes sean mayores o menores que yo. Esta muchacha se ve que es mayorcita, lo digo porque se le ven algunas canas. Cuando mencioné (por Cristo Jesús bendito) que los criollos brasileros se habían curtido ideológicamente con las doctrinas de los ilustrados norteamericanos, la mujer entró en cólera. Núnca había visto opiniones cargadas con el rencor más fermentado que ustedes se puedan imaginar, pero dejen eso, opiniones infundadas en la completa ignorancia. Es que como dice mi tío, ¡la ignorancia es atrevida, mano!. Cómo es posible que ésta estúpida diga que la Revolución de las Trece Provincias, no había sido una revolución, simplemente porque: "un pueblo revolucionario es revolucionario desde sus primeros días". Rematando además que la única revolución que verdaderamente se consumó en el continente había sido la Cubana. Si le hago caso a las premisas de esta tonta, a América Latina se la llevó la verga.

Yo la verdad es que he aprendido a tener paciencia, a tranquilizarme y a pensar en el próximo fin de semana y en la fiesta a la que iré. No me hiperventilo, no digo nada. La libertad de cátedra debe seguir existiendo pero que exista con una mediana conciencia crítica, con fundamento y capacidad de argumentación. A mi me gustaría que a los profesores les asignaran el derecho de pegarle a un alumno o alumna que fuera tan bruto(a) y además tan grosero(a). Me gustaría que cada profesor tuviera un matamoscas en la mano para darle en la trompa/hocico/jeta a cada uno de estos personajes que infestan las universidades públicas, y cómo no, las facultades de Ciencias Sociales y Humanidades de cualquier lugar del mundo.

Si no, pregúntenle a una persona que haya estudiado en la Universidad Nacional de Colombia -sede Medellín- (a Margarita, o a Pablo Cuartas, por ejemplo) a ver qué opinan de todos estos individuos que habitan esos mundillos. Recuerdo a uno de mi carrera que decía que había una conspiración contra él en la facultad. Recuerdo a otro que era un pseudoindigente que profanaba tumbas en el cementerio de San Lorenzo (Niquitao). Ese mismo comandaba un pelotón de gamines y los mandaba a robar libros a la Biblioteca Pública Piloto y a la Biblioteca de Comfenalco. Los libros los vendía en la universidad y con la plata que ganaba compraba bazuco y a soplar se dijo. Era desdentado, "mueco", toothless y según él, se había ganado ya varios premios internacionales de poesía, no sé en dónde. Tenía un hijo al que llevaba a la universidad. El hijito hacía las delicias ahí en la sede cogiendo mangos, nísperos y guayabas, llegó a llenar varias bolsas, yo lo vi. Seguro el taita lo ponía a vender fruta por allá en el Estadio y la plata que ganaba se la soplaba también. Es que no puede ser posible que uno sea tan mueco. Ese man tenía com 37 años y parecía de 60, lo juro. Que dejadez, que tufo, que zorra tan insultante la de ese engendro.

¿Porqué esas facultades son como un imán para la gente así? ¿Porqué hijueputas, porqué?, ¿porqué no se ve eso en las facultades de Ingeniería, Derecho, Zootécnia? Había otro malparido que me daba un miedo ni el hijueputa. Le decían El Psycho osea "el saico", porque estaba loco. Andaba de sudadera, botas y camisa de botones por dentro y en la cabeza una gorra de Terpel. Solo le hablaba a las mujeres y lo único que les modulaba era: ¿Qué hora es?. Un día lo vi caminando por uno de esos potreros de la universidad, allá donde crían cabras, vacas y chigüiros, allá lo vi, caminando dando pequeños saltos y mirando al piso como buscando algo. Quién sabe que buscaba y no encontraba. Otro día, me cogió el pico y placa y tuve que esperar hasta las 19:30. Me fui pa la biblioteca a leer alguna cosita y cuando salí para montarme al carro vi que alguien, como una sombra, me seguía: era ese malparido demente, casi me meo. Si a ese hijueputa le da por corretearme me toca es sacar la cruceta y arreglarlo de una vez, pensé.

Algún día fui a una universidad pública de otro país. Conocí a los estudiantes de Historia, a los de Geografía, a los de Filosofía y a los de Sociología. Gente normal: con sus bufandas y sus gafas raras, pero normal. Gente metódica, que razona, que habla con propiedad y que tiene aspiraciones serias. Gente que no raya los libros de la biblioteca ni le da por ponerse a tomar trago dentro de la universidad, ni le da por organizar acampadas dentro del campus y hacer sancochos y "ollas comunales" donde sirven puro caldo con un espinazo más duro que la carne de la cárcel.

¿Porqué en las universidades públicas donde he estudiado no hay de esa gente, porqué? A mi a cada rato me dicen, que yo soy un facho, que yo soy de la derecha, que yo no dejo progresar las revoluciones: ni la colombiana, ni la cubana, ni la "Guerra Popular de Nepal", ni la revolución de los cacorros. Yo creo que a veces soy muy insensato y opino sin pensar bien y las opiniones son altisonantes, eso me ocurre por desconocer cosas de la política de mi país y del mundo. Seguro lo que opino acerca de un régimen un poco más estricto en las universidades públicas puede ser un escándalo para mucha gente por aquello de los derechos y de la libertad de cátedra propiamente. Más de una vez me han insultado por opinar que durante una asamblea un tipo descaradamente dijo que la población estudiantil solicitaba que la nota 2.5 en las calificaciones fuera una nota aprobatoria. Y también por decir que me parecía desfachatez decir que los tintos en la universidad estaban muy caros. Bueno, sin mencionar el día en que leí una petición que requería inmediatamente el retiro de las tropas estadounidenses de Irak. ¿El realismo mágico esto?. ¿La izquierda por siempre martir?, ¿la justicia social de minorías? !Ni chimba!. Que recuerden que Gabito es amigo de Fidel y amiguísimo del hijito de Misael (ladrón de elecciones), que el Ché fusiló a más de uno sin piedad, que Louis Althusser mató a su esposa en un ataque de rabia y que Karl Marx no iba a dejar casar a su hija con un haitiano, por negro y por pobre.

Comenten pues, amigos!

domingo, 14 de febrero de 2010

Meditación Arbitraria: Lo que arruinó mi vida.


“El skate arruinó mi vida”, “Skate ruined my life”, es lo que suelen —o solían— decir los skaters de todas las latitudes del planeta cuando se les pregunta(ba) por su deporte favorito. Basta preguntárselo a alguno en Medellín, Guadalajara, São Paulo, Auckland, o Hermosa Beach, para constatarlo. ¿Porqué el skate “arruinó” sus vidas? ¿Los golpes en las extremidades o en la partes nobles? ¿Los glopes al bolsillo? ¿La vida académica trunca o malograda? ¿Los fracasos amorosos?.
La gente que monta skate, es decir, los que patinan, suelen considerar tres estadios evolutivos en la conciencia skate. El hecho de superar estos tres niveles ya es para considerar que el skater en cuestión es un skater de verdad. Tres diferentes niveles que ya se han vuelto proverbiales para comprobar la fidelidad y el amor por esta práctica (a veces, y cada vez más, llamada deporte), amor que sin duda supera la cuestión mediática (moda skate, “música skate”, etc) y que es en realidad el asunto más recurrente, sobretodo durante períodos de tiempo determinados por el bombardeo mediático o ciertas actitudes de rebeldía moderada que no son tan radicales para ser punkero ni tan mansas como para ser un “gomelo” normal, o como diría un muchacho de San Joaquín: un “urbano” (de esos que andan vestidos a la moda, pero con gafas y se dejan crecer el bozo y la barba y que comentan películas de cine independiente y que hacen stencils en las inofensivas paredes y muros que se ven en El Poblado. Hoy se diría Hipsters). Los tres niveles son:

1. El comienzo: cuando se adquiere por primera vez una tabla y pasan dos, tres y hasta cuatro meses sin que ningún truco toque a la puerta. Osea, un período de ineptitud, de patear, de rodar, de practicar arduamente y observar con paciencia sin obtener resultado alguno.
2. La novia: Las mujeres (en el caso de Medellín) suelen ser muy susceptibles y demandantes con los skaters: “esa tabla o yo” es lo que suelen decir. Para ellas es inevitable no decepcionarse ante la respuesta “pues, montar” cuando le preguntan a su novio sobre qué piensa hacer el viernes por la noche. Las novias presionan a los que montan skate, sobretodo cuando estos cuentan con escasos años y aún están en el colegio. Hacen que el patinador atraviese por un dilema bastante delicado que en última instancia es la dicotomía amigos/novia. Pues si se va con la novia los amigos le recriminarán: “Bobo, consumido, te mandan, no le haga caso a esa vieja”. Y si se queda montando en la encantadora noche sabatina ella le dirá: “Madure a ver mijo que usté ya está en edad de ir conmigo a ¿Sampues?, ¿Babylon? (en casos muy moderados). En fin.
3. La universidad: pienso que es el nivel más importante. ¿Por qué? Pues porque cuando uno entra la universidad está más grandecito, tiene 16 o17 años (y hasta menos en muchos casos). Sin embargo uno se engatusa por el mito aquel que dice que en la universidad las mujeres viven, como dice un tío mío, “buscando macho”. Y empiezan las tales integraciones, que estudiar en la casa de no sé cual, que conoció a no sé cual otra y que vive sola; que empezó a soplar mariguana en el “aeropuerto”; que los parciales; que los finales; que me van a echar de la universidad; que las fiestas... Vuelve la dicotomía: estudio/skate.
El que supere estas tres etapas ya se quedó skater. Ya lo superó todo, ya puede llegar a ser Ministro del Interior o embajador en Washington y seguir montando skate así sea los fines de semana. Ya se seguirá vistiendo de una forma toda la vida así le toque ponerse cachaco para ir al trabajo.
Hay otra cuestión importante y es que por ejemplo los que montan skate y pertenecen a la generación 75-85 (para el caso medellinense) vieron cómo la popularidad les dio la espalda después de un periodo de innegable esplendor. ¿Qué era ser skater? ¿Qué significaba? Yo estaba más pequeño, yo soy del 81, y el boom me tocó de los 14 a los 17, en esos tres años, lo recuerdo muy bien, los skaters tenían el mundo a sus pies. No había infraestructura como ahora, solo había dos simples skateshops: SkateHouse y Poblado Street eran los únicos lugares donde uno podía comprar cosas decentes. De repente aparecían tablas y otros accesorios en el almacén de un traqueto de El Obelisco en el segundo piso, y una que otra cosita en Repatín, ahí en la 74. De resto no había nada. Todo era difícil de conseguir. Era una proeza tener una Trasher Magazine, a no ser de que la expropiara de la biblioteca del Colombo Americano o la trajera de algún viaje, mínimo, a Bogotá, pues la compraba en una librería esa de Hacienda Santa Bárbara donde vendían revistas de la USA.
A pesar de todo eso, los skaters eran los que pegaban, los que mandaban. Las juventudes de ese entonces se enloquecían al rítmo de Pearl Jam y de Nirvana mientras ellos oían Minor Threat, Gorilla Biscuits y Pennywise. No puede olvidarse la dimensión rapera, claro está, donde Wu-Tang Clan fueron los que pavimentaron el camino.
Los skaters eran el terror en las pogotecas. Cascaban ladrones de tablas en el estadio e iban a jugar billar a Monterrey. Fue una generación muy grande, hubo mucha gente que montó. Había combos en Laureles, Belén, La Villa del Aburrá, Los Colores, Robledo, La Mota, Calasanz, Santa Mónica, San Joaquín, El Poblado, Buenos Aires. Algunos de ellos, los más veteranos, todavía hablan de aquella cosa (yo siempre la ví cerrada) que quedaba dentro del velódromo: la Liga Antioqueña de Monopatín.
Mucha gente tomó otros rumbos y le abrieron cupo a las nuevas generaciones. Hubo gente que fue reclutada por La Clicka, otros compraron patines y se volvieron "rollers" (Recuérdese que decir roller equivalía a decir skater frustrado); otros consiguieron novia y se abrieron paso en el mundo de las minitecas y de las fiestas electrónicas y de esas otras farras que se armaban en esa bomba Tiger Market que quedaba en la autopista. La mayoría de esa generación desertó y consigo se llevó uno que otro tatuaje o una que otra tendinitis en ambas rodillas.

Recuerdo que en El Diamante compraba tenis Airwalk cuando los Vans escaseaban.
Recuerdo que tomaba gaseosa en La Uva Verde y que allí también le guardaban a uno la mochila.
Recuerdo que los dueños de Skate House eran doña Marta y Don Fernando, además de su hijo Dani.
Recuerdo cuando hicieron los half pipes de Santa Lucía, Hospital y la Terminal del Sur.
Recuerdo ese fracaso que fue Límite Extremo.
Recuerdo las tablas Nubut.
Recuerdo cuando los skaters odiaban a los roller.
Recuerdo que a Unicentro no dejaban entrar con tabla, que había que echarla en una bolsa y las únicas bolsas en que cabía las regalaban en el almacén Super Kids.
Recuerdo a Los Vengadores.
Recuerdo el olor del sacol y las trabadas cuando uno pegaba la lija de la tabla. Tres hojas de lija “grano fino 80 o 60”
Recuerdo a Ronnie Bertino y a Tom Knox.
Recuerdo mi primera tabla, una World Industries "del equipo", con Flameboy destruyendo el mundo donde vivía Wet Willy.
Recuerdo la primera baranda del Estadio
Recuerdo las limonadas y el salpicón con lechera que vendía don Marcos.
Recuerdo…recuerdo…recuerdo.

No sé, yo no estoy de acuerdo con ese lugar común de “el skate arruinó mi vida”. La gente suele decirlo con mucha frecuencia. Y es muy a menudo que lo dicen, como justificando el hecho de no tener novia, que las mujeres no se fijan en los manes que montan (al contrario de hace 12 o 14 años). Como reprochándole a la patineta que no tuvieron una vida "normal" ni un trabajo de salarios grandiosos. Como si el hecho de montar fuera el contrapeso de una vida exitosa. Y no, eso no es así. O será así para el que se lo crea. Muy curioso. Ese por lo menos no ha sido mi caso. Si algún día la felicidad se me ha rozado, ese día seguro estuve montando skate.

lunes, 25 de enero de 2010

París, te extraño!




Aquí no hablaré de Medellín propiamente, ni mucho menos de la tal Cité Lumiere, París-Francia, ni de la mona Paris Hilton, ni de la otra mona Natalia París, ni de el guerrillero Andrés París, ni de Paris, Bello -un barrio muy caliente-. Aquí hablo es de París, de la Charcutería París que quedaba en San Diego y de la que hoy no queda ni el nombre.

No sé si la recuerdan -díganme que sí-, quedaba donde justo hoy queda un almacén de ropa que se llama "Aquiles" o un "Leonisa", no logro precisarlo, diagonal al Foto Japón que queda en toda una esquina y que tenía una pecera y una jaula con canarios. Ahí quedaba la Charcutería París que, junto a la Charcutería Provocación [todavía está en la 70] eran dos de los lugares más deliciosos o "delikatessen" que había en Medellín para comer. Bueno, para mi, según yo.

La Charcutería París famosa por sus cervezas importadas, sus golosinas gringas, sus Garbage Pail Kids [originales], sus cábanos, salamis, y sus insuperables sánduches "sietecarnes" ya no existe. Dejó de existir hace varios años, pero ese no es el punto. Todo se acaba, estoy de acuerdo, todo deja de existir. Ya no está la Charcutería París con sus delicias de ultramar, ni sus jamones de cordero y embutidos de faisán, ya tampoco San Diego es ese mundo de triciclos donde muchos nos divertimos en los ya lejanos ochentas cuando los papás iban a comprar cosas y en los noventas por cuenta propia comprábamos la musiquita de Epitaph Records que llegaba por pedido a Disctronics. Ya no, se acabó. Pero insisto, ese no es el punto ni la materia principal de esta ocurrencia bloguera.

El caso es que tengo un hermanito que gusta demasiado de comer en la calle. Es de esos que conoce y recomienda. Oyéndole una sugerencia me dijo el jueves pasado: "ve, volvieron a abrir La París, ¿será que vamos?. El corazón casi se me sale del pecho. Aunque debo admitir que si sospeché del gato encerrado, pues mi hermanito aclaró que además de San Diego, La París también estaba en ese centro comercial que se llama Mallorca. En fin, aguanté hambre y no almorcé porque me iba a mandar un "sietecarnes" acompañado de una cervezita y no pensaba escatimar en precios. Llegamos a San Diego, yo no había ido hacía un par de años, y lo primero que pensé era que a la Charcutería París la habían reabierto en el mismo lugar, pero no, ni rastro. Me aclaró mi hermanito que era que quedaba en la sección de comidas, en el segundo piso, y subimos. Claro, un segundo piso que yo no conocía, lleno de todas esas comidas que si bien saben rico les falta como algo, no sé si será que la carne asada no sabe lo mismo en parrilla a gas que al carbón, o si es que soy muy quisquilloso para el tal sushi "apaisado" o es que de verdad me duele meterle $ 20.000 a un combo de El Corral, no sé.

El caso es que en ese segundo piso estaba La París, no la Charcutería París, no, simplemente La París, cuyo logotipo es como una torre Eiffel simplificada que reemplaza la letra "A". Un local pequeño sin cábanos, ni longanizas, ni salamis colgando, ni cervezitas de tierras lejanas en sus enfriadores. Una supuesta "charcutería" sin esa maquina plateada para cortar los embutidos en tajadas de cualquier grosor según el gusto del comensal, dizque con esos avisos luminosos que muestran los productos al lado de una coca-cola y para acabar de ajustar, atendido por dos bobos que con esa cara, ¿pa' qué güevas?
Todo era muy sospechoso. Pero yo iba decidido por el "sietecarnes". Pero que no, "que no lo manejamos". ¿Perdón?

Ni "sietecarnes", ni "seiscarnes", ni "cincocarnes", ni "cuatrocarnes". Un simple sánduche con jamón de cerdo, jamón de pavo y roastbeef . ¿Cuando por Dios en la Charcutería París se atrevían -porque es todo un atrevimiento- a ponerle lechuga y tomate a un sánduche? ¿Cuando, ah?. Incluso dizque sánduche metido como a una de esas waffleras grandes para calentarlo y derretirle el queso. ¿Cuando, por Dios, cuando?. Yo sé que parezco un viejo renegón y chiflado -bueno, si lo soy-, o que eso es una preocupación de pequeño-burgués, clasemediero, que en vez de chillar por el "sietecarnes" que no me comí, debería estar preocupado por Haití y sus terremotos o por la situación con Venezuela, o no sé, por otra cosa. Pero no, la chimba. $13.700 me costó ese sánduche con gaseosa, que no estuvo maluco, la verdad, pero qué es eso tan descachado y tan peye. ¿La París? , ¿Qué qué?. Yo no dudé en reprochárselo a mi hermanito, y pensándolo bien, el no tuvo la culpa porque cuando la Charcutería París dejó de existir el estaba muy pequeño, ergo, no se acuerda que allá los sánduches eran fríos, partidos a la mitad por una esquina y envueltos en papel parafinado, y que había uno que era el "sietecarnes" que además traía tres tajadas de quesos diferentes, que vendían una cerveza oscurísima que se llamaba Pigs's Eye, original de Minessota [yo coleccioné latas], y que vendían la barra grande de Bubblicious de sandía. No, él no recuerda eso, por eso no lo culpo.

La París, ese "comedero" nuevo que hay allá en ese segundo piso, que abusó del nombre de la charcutería de mis amores que existía en esa Medellín finisecular, en ese San Diego donde el parqueadero era gratis, eso no es la Charcutería París, eso es un insulto, eso es gato por liebre, eso es jugar descaradamente con la esperanza. Solo se me viene a la cabeza una frasesita de San Fernando Vallejo en Los días azules que la acoplo a lo que siento hoy por añorar esos sabores charcuteros que nunca jamás volveré a probar en esta perra vida: "a la Charcutería París se la llevó el ensanche, que se lleve el ensanche mi recuerdo..."

martes, 19 de enero de 2010

Los que el tren dejó


Me acabo de entrar (11:32 p.m) a mi casa después de disfrutar de un bonito, azul y soleado día. Antes de entrarme me encontré con un viejo amigo de mi unidad, "Gordelio", quien hoy estaba padeciendo de una extrema e inexplicable instrospección. Gordelio y yo nos pusimos a hablar acerca de mujeres, novias, parejas y vida marital y, ahondando en el asunto expusimos nuestros casos bajo la premisa innegociable de que ya estamos quedados, es decir, ya nos dejó el tren. Además yo por estos días andaba super contaminado por la lectura de un libro super chimba de mi autor favorito*, quien, en varios ensayos trata sobre el tema de la soltería.

Gordelio es una especie de celebridad menor en una facultad de ciencias exactas de una universidad de aquí de Medellín. Ostenta un M.A en matemáticas de North Florida University (NFU, Jacksonville), tiene carro propio, apartamento propio y anda con Blackberry al cinto. No ha rebasado aún la edad de Cristo y, según su calculadora opinión, ya se quedó solterón. Gordelio tiene varias explicaciones al respecto basadas en hitos tan firmes como el hecho de ser alguien poco atractivo, de ser un dizque "nerdo", o simplemente el hecho de que las gentes vinculadas a la academia carecen -carecemos-, de un sex appeal que nos respalde. Yo creo que Gordelio tiene razón. Según lo que me trato siempre de explicar y de explicarle a los demás, entre ellos a Gordelio es que nosotros, es decir, gran mayoría de una generación nacida entre 1975 y 1985 caímos en una trampa tendida por el capitalismo avasallante, o no, mentiras, no sé muy bien qué es lo que pase, pero Gordelio me estaba explicando que según estadísticas, el 85% que abarca tal generación ha afirmado que está soltera -aunque no abandonada-, y que la posibilidad de llevar una vida marital es prácticamente nula.

El tren nos ha dejado a Gordelio y a mi, y eso no parece ser un asunto que cause mella en nuestras vidas. No sé, a veces pienso que eso no es una prioridad, que si es bacano tener novias, amantes, queridas, tinieblas, como quieran llamarlas, pero que no me asusta pasar solo el resto de mis días. Si, solterón me quedé como me dijo una señora de una tienda, que yo voy a ser "biato" y no sé qué más cosas, ya me dejó el tren pero qué más puedo hacer, pues bajarme de la estación y caminar para algún lado. Eso fue lo que le dije a Gordelio.

Es que pillen: preescolar, primaria, bachillerato, carrera, maestría, doctorado...Y ahora pues con el cuentico de los tales "post-doc", que lo debe hacer que aproveche que tiene menos de no sé cuantos años, que la competitividad. Uno por Dios bendito con tanta estudiadera y tanta academia uno acaba ojos, se encorva, se le cae el pelo, le dan ojeras, le sale panza, etc... ¿Cómo espera uno dejarse cautivar por una pelada bien querida, que se dedique a otros asuntos? No, eso parece que no se puede y que no es posible si uno está montado en el video de que tiene que seguir estudiando como un burro a ver si algún día aprende algo. Osea, es que un 95% de mis amigos todos ya pasaron de los 30 años y la gran mayoría, excepto dos personas (uno casado y el otro recién divorciado), a todos nos dejó el tren, todos somos solterones y cuatro de ellos ya se consideran a sí mismos como "viejos verdes" que abejorrean peladitas de colegios y de primeros semestres de universidad. Y claro, una vieja que esté entre los 26 y los 32 años ve a uno de estos personajes (nosotros, los quedados), ¿y qué pensará?. Yo siempre creo que una vieja nos ve y murmura:

"...Estos manes si son unos pendejos, vealos, bien viejos, por ahí todavía dando lidia con esas patinetas, dizque poniéndose gorras a estas alturas y dizque por ahí con audífonos oyendo de esa música metálica pesada, maricones que cojan juicio, que no son capaces de darle a uno la estabilidad económica y emocional que uno se merece"

Bueno, yo no sé si textualmente una vieja pensará eso, pero yo creo que si se aproxima mucho. Aunque pienso también que una gran población de viejas está quedada, que están dejadas por el mismo tren. Pero yo nunca le he preguntado con seriedad eso a alguna vieja, porque pienso que ella va a pensar que yo me estoy burlando de esa situación, pues hasta donde tengo entendido eso es un tema muy serio entre las mujeres desde que están en el colegio y dice un amigo mío que sabe mucho que por ejemplo una vieja se cansa de pedirle matrimonio a un novio de más de 4 o 5 años y si el man le dice que no, ella lo deja y se casa con el primero que conoce, así dice mi amigo que es el asunto. Y yo me pongo a ver y sí. Por ejemplo, una prima mía tenía un novio (como de 3 años) que lo mandaron a trabajar a Urabá y ella no se quiso ir con él y le imploraba que se regresara para Medellín y él que no, qué cómo iba a dejar mero puestazo en Urabá simplemente por sostener el noviazgo, que mejor él iba cada fin de semana (en avión y todo) y que ella podía ir a visitarlo también (en avión pagado por él), y ella, que no, y que no, y que no, y cualquier día no sé a quién putas conoció por internet y se vieron como al mes y días después se casaron y son dizque más felices que un putas.

Nos dejó el tren, y eso era un asunto que me preocupaba mucho a principios del 2009, pero ya que vi que en realidad me dejó, pues no me quedó de otra que resignarme y desearle buen resto de carrilera a quienes si se subieron, mientras tanto yo estaré por ahí en alguna tienda tomándome una cervezita con Gordelio y viendo pasar muchachas de minifalda y escote en medio de estos días tan bonitos y tan azules.
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*STEVENSON, Robert Louis. Virginibus Puerisque y otros ensayos, Madrid, Alianza Editorial, 1987.

sábado, 2 de enero de 2010

dosmildiez


Ya empezó una nueva década, sí señor. El dos mil diez señala el punto.
Yo me juí a pasar el año nuevo a un municipio que se llama Jericó, en el suroeste de Antioquia. Y sí, la pasé muy bien, tuve tiempo de reflexionar sobre el año que acabó de pasar, ese dos mil nueve que tuvo muchas cosas amargas pero otra muy dulces, excesivamente dulces. En el 2009 se pudo pasiar, se pudo comer rico, se pudo conocer otros paises, se pudo acceder a un lugar nuevo donde vivir y se pudo viajar a Colombia a ver a los papás.
Ahora estando aquí me doy cuenta de que es muy emotivo pasar el año nuevo con los papás y el resto de la familia, yo sé que a veces es muy ñoño, pero la verdad es que si prefiero estar aquí a estar en una playa del pacífico con otros quince o veinte patos soplando vicio y asando masmelos en una fogata.
La cosa es que nos juimos pa' Jericó, Antioquia, y allá dice mi mamá que mucha gente es prima de ella, y yo eso si lo sabía pero núnca lo había puesto en práctica, pero ¡ah caro me salió!, y no estoy insinuando que esta entrada sea una especie de denuncia contra uno de esos tales primos pero la voy a contar:

Parque de Jericó, 29 de Diciembre, 10:48 p.m.

Estabamos: Andres, David, Daniel, Isabel y yo, sentados en el parque de Jericó, tomándonos una botellita de guaro (de ese tapa azul, que dizque no da guayabo, ¡mentiras!) Y beba, relajao y vea pasar muchachas muy arregladas y salude aquí y allá. Cuando de un momento a otro va apareciendo un man diciéndome: -!Juancho, Juancho!. Yo si me llamo así (Juan Sebastián), pero "Juancho" solo me decía un man que ya es difunto que se llamaba Jorge. El caso es que este man se nos arrimó y decía que era primo de mi mamá y por ende de nosotros, que lo vieramos bien que el era igualitico a mi mamá y a sus hermanos...En fin. Lo invitamos a tomar, y se servía unas copas casi triples, además teníamos como un platico con papas, chorizitos y así y el tal primo jarte que jarte. Decía mi hermanito: -este primo si traga más que un banco, que hijueputa. Y el man, seguía, y eso hablaba que no sé qué cosas, que el siempre había sido hincha del DIM, que un man le debía 11 millones de pesos más intereses, que tenía un caballo que había ganado varios concursos, que pensaba montar un negocio en Medellín, que vea esa que va por allá yo me la robo...Un montón de cosas que nos hacía pensar que por fin habíamos encontrado a aquel primo potentado que nos podía echar la mano como asociado en un negocio, o que en tiempos adversos nos podía apadrinar. Por fin un primo así todo bacania'o y de billete. Pasaron como dos horas mas y el primo ya andaba como una mica. Vale aclarar que ya habíamos matado esa botella y habíamos encargado otra botella más los pasanticos. El primo siguió sirviendo y brindando y cada vez se embriagaba más y más. Yo no tomé mucho y por eso me mantenía más o menos consciente pero los demás acompañantes si empezaron a caer uno a uno y con ellos, el primo.

Finca de Jericó, vereda Puerto Arturo, 31 de Diciembre, 6:12 p.m.

-Mami, ve: Ayer conocimos a un man que es dizque primo tuyo y estuvimos bebiendo con el toda la noche en el parque del peublo.
-¿Primo?, ¿cuál?
-Uno ahí que dice que es hijo de Blanca, la tía tuya.
-¿De Blanca? No, que yo me acuerde, Blanca solo tuvo dos hijos y los dos viven en EUA.
-Mami, pero acordáte bien a ver, es uno medio altíco, blanco y patillón.
-No, no sé de quien me estás hablando.
-Jum, mami, pues esperá a ver si nos lo encontramos ahorita en el parque.

Parque de Jericó, 31 de Diciembre, 10:48 p.m.

Mi mamá enfiestada, mi papá también, los familiares también yo, idem, mis amigos la misma cosa. Échele y échele ojo a ese primo a ver si aparecía, aunque todo el mundo parecía no recordar el asunto. Hasta que me le arrimé a una prima de mi mamá que se llama Olguita (que es jericoana) dándole la descripción física del primo. Y ella me respondió: ¿Primo?, ¿hijo de Blanca?, ¿Patillón?... Jum, ya sé. Ese lo que es, es un vividor. Los engatusó, ese fue un trabajador de la tía Blanca que conoció muy bien a la familia y se la pasa por aquí bebiendo gratis y gorriando de cuenta de todo el que puede engañar.

Yo me quedé atónito de la propiedad con la que el supuesto primo accedió a nuestro trago, y sí señor, no lo volvimos a ver, ya que esa noche esperaríamos la llegada del año nuevo que en los dos días que van ya ha dado sus sorpresas non gratas. 1. Por meter el carro por una carretera muy mala se le partió la punta de un eje (tocó desvararlo). 2. Venía para Medellín en el carro recién desvarado, muy contento oyendo musiquita cuando un reten "Policía de Carreteras señor, me hace el favor y me muestra su s.o.a.t, su revisión técnico-mecánica, matrícula del vehículo y su licencia de conducción por favor". Sí señor agente, cómo no, claro...

-Señor, su SOAT está vencido.
-¿Ah?
-Si señor, vencía el 30 de Diciembre del 2009.
-Ah...
-El vehículo debe ser inmovilizado de inmediato.
-Ah...
-A no ser de que me colabore con alguna cosita, no ve que no nos han dado la prima.
-Hombre señor agente, colabóreme usted, vea que no más tengo esto (como 17.600), tenga pues pa que se coma un almuercito bien calidoso.
-Listo caballero, váyase con cuidado.
-Bueno, gracias...

La cosa es que todo pudo ser peor, ese chistesito de andar con s.o.a.t. vencido me pudo haber salido como en un palo, porque eso da inmovilizada y hay que pagar grúa y patios, más el parte que le hacen a uno, más el propio s.o.a.t que hay que sacarlo...En fin. Me salvé de arruinar el resto de mis vacaciones. Voy a comprarle el s.o.a.t. y voy a guardar platica para este comienzo de año poder visitar las bibliotecas nuevas de Medellín, comprar unos rodamientos nuevos para mi skate, comer perritos en la 80 y poderle regalar a mi mamá un video de su cantante favorito en su cumpleaños.

Hoy es 2 de enero, ya van dos días de este nuevo año 2010, yo tengo un agüero y es que es un año par, pues los años impares tienen algunas dificultades, este añito, yo sé que mejorarán los tiempos y podremos sonreir mientras somos acariciados por la brisa.

Feliz 2010 a todos, especialmente a los que leen este Blogsito

sábado, 5 de diciembre de 2009

Los buenos y los malos colegios (Aporte de un lector)


Discretamente hecho, este comentario es de la autoría de Pablo Cuartas. Un muchacho que estudió Ciencia Política en la Universidad Nacional (sede de Medellín) y ahora estudia y radica en la cuenca del Sena. Lo pongo aquí como una entrada de mi blog (que es vuestro blog) pero a su nombre. Es una opinión muy interesante que toca el tema y los comentarios de la entrada anterior acerca de los colegios y sus calidades.

ACERCA DE LOS COLEGIOS

POR: Pablo Cuartas.

El tema de los buenos y los malos colegios es menos banal de lo que parece. Lo que se ha dicho está en clave de humor, claro está, y no intento decir nada “serio” sobre el tema. Es más: no intento decir nada nuevo con respecto a lo que ya se ha dicho.

Dos palabras me vinieron al pensamiento cuando pude parar de reírme a causa de las anécdotas relatadas por Sebas. Son dos palabras que usó un sociólogo francés muy importante que se llama Pierre Bourdieu. Son las palabras “herencia“ y “reproducción”. Con ellas, el antiguo profesor del Collège de France quería señalar cómo el sistema educativo perpetúa las diferencias sociales. Los “herederos“ -de los que Bush es buen ejemplo, aunque no el único- forman parte de una especie de inercia social que las instituciones educativas avalan socialmente. De Bush, por ejemplo, se sabe que era un borrachín, un gángster, un incapaz. Pero recuerdo que mi profesor de francés en Bogotá, Jaime González, me mostró una vez un recorte de Semana donde los compañeritos de clase de Andrés Pastrana en el San Carlos contaban las “triquiñuelas” que hacían las delicias de estos hijos de la élite tropical. No las cuento aquí, pero recuerdo que le dije a Jaime: “Es para hacer maletas e irse del país”.

Como yo estaba precisamente a punto de irme del país, como venía a vivir al país de Bourdieu y de otros como Foucault (sí, Sebas, me gusta Foucault), entonces recibía clases intensivas de francés con Jaime. Un día llegó un estudiante del Colegio Helvetio, o Helvetia, o Helvecia, no sé, que es como el Liceo Suizo de Bogotá. Es como el San Carlos de ahora, el Nueva Granada de hace una década o el Gimnasio Moderno de siempre: un colegio de élite, de los que no tenemos en Medellín. En Medellín hay colegios de ricos, porque en medellín no hay élites, hay ricos. Son dos cosas distintas. El hecho es que este estudiante del colegio suizo llegó para hacer revisar de Jaime su “tesina” de grado como bachiller. Yo estaba presente y comprobé horrorizado que, palabras más palabras menos, el sujeto hablaba tres idiomas sin hablar ninguno. Qué ortografía, qué fonética, qué gramática. Era un franespanglish desastroso pero, me imagino, muy impresionante en un país capaz de elegir a Pastrana como presidente. De esa tarde me acordé hace poco al leer, en El Espectador, la columna de una señora bien de Bogotá. Creo que se llamaba Cristina Lleras, o algo así. Estaba muy escandalizada porque vio cómo en el Pomona que queda justo en frente del Gimnasio Moderno, los estudiantes que van a “heredar” este país comían como cerdos. Según la señora Lleras, los gimnasianos dejaron el lugar rebosante de basura. Claro, esta “señora bien” exagera, pero sólo un poco.

De ahí a afirmar que las ratas son insectos invertebrados no hay más que un paso. El estudiante del colegio suizo hubiera podido decir eso o algo peor, pero en su medio sofisticado sólo sería una “boutade”. En cambio, como los que lo dicen son esos estudiantes del MFS (Mariguana Fresca y Suave, se decía en mi infancia que traducían esas siglas), con esas sudaderas rojas y esos peinados pintorescos o temerarios, entonces ahí el mundo social sí no perdona. Las travesuras con rifles de Bush en Texas, las bromas pesadas del jóven Pastrana a los miembros de la guardia presidencial, y tantas otras infidencias sin contar de nuestra élite, pasan desapercibidas porque suceden en el colegio San Carlos, o en Yale, pero no en bus de Laureles que atraviesa toda la 70 en Medellín. Gracias a la reproducción inercial que estas instituciones avalan, ellos pueden hacer lo que quieran, o no hacer nada, e igual seguirán heredando.

Bien vistas las cosas, la diferencia es menor entre la tontería de unos y la de otros. Pero es sobre estas diferencias menores que se funda la desigualdad. Es como si la estupidez de carro blindado fuera menos grave que la de buseta. Hay que ver cómo las oportunidades les sobran a aquellos que no se privaron de comer como cerdos, pero lo hicieron en Pomona. Evidentemente hay que batirse para que la educación sea pública, universal y de calidad, pero ante todo hace falta abandonar ese arribismo que nos hace perdonarle la ignorancia a los que estudian en colegios bilingües y condenar a los que la reciben en colegios donde no se habla ni español. Esas son las enormes sutilezas que deciden todo en la vida social.

Perdón por semejante encíclica que, en realidad, no es más que la opinión de un simple egresado del INEM.